CLOWNADAS

La nariz colorada del payaso

es para ocultar la rojez del llanto,

su existencia

la auténtica tragedia del payaso.

Un rostro desnudo, sin artificios, sin clichés

ni ideas preconcebidas.

La soledad del payaso,

a solas con su maleta.

Triste por estar sola.

La maleta y él.

Ja ja ja ja ja... tengo cuarenta y tantos...

Emocionalmente todavía no he alcanzado la mayoría de edad

y según las estadísticas, socialmente tampoco.

Me llamo Raquel y soy de aquí. 

De aquí y de allí.

Siempre he vivido en la misma ciudad y apenas he viajado. 

Aunque mi barrio lo conozco bien, un barrio valiente como todos.

La ambición me ha hecho tener grandes amigos y enemigos,

el olvido me ha ayudado a seguir adelante y los sueños,

a pesar de ser gratis acabaron arruinándome.

De pequeña me preguntaba:

¿Voy a ser siempre una niña o algún día atracaré un banco?

Hoy en día sigo preguntándome lo mismo. 

Me gustaría atracar un banco y huir a 220 por alguna autopista

con un chico guapo.

Eso lo he visto en las películas.

Lo  mejor de ser pequeña es que puedes pasarte en cama dos semanas porque te duele la tripa, pero cuando yo sea mayor, quiero volar y ser como Peter Pan, como Juana de Arco, como Julieta,

como Newton, Sócrates......

Cuando sea mayor, quiero ir a 220 por la carretera, 

y que nadie me diga nada.

 

PAYASAS

 

A veces,

alguna persona que me conoce

me dice 'payasa'.

Yo siempre me lo tomo a bien.

Aún así, esa persona me aclara que me lo está diciendo

con buena intención.

Entonces supongo:

“...Tú si que estás de suerte...”

Menuda liberación para ti

llamarme payasa

y que encima me sienta bien.

Así somos las payasas y los payasos.

 

 

 

 

 

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